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La basura espacial, un grave problema

30 Mar

Este 29 de marzo se cumplen cuarenta años de la firma del Convenio sobre la responsabilidad internacional por los daños causados por los objetos espaciales.

Afortunadamente, este documento no ha sido aplicado hasta ahora en la práctica jurídica.  Pero en los últimos años, ha acaparado la atención de los expertos al estudiar los asuntos relacionados con el reforzamiento de la seguridad de los nuevos proyectos espaciales.

Con mucha frecuencia, objetos espaciales lanzados en su tiempo a la órbita, caen a la Tierra inesperadamente o después de concluir su plazo de vida útil.  Hasta ahora, ese tipo de caídas no han ocasionado daños a la población, incluso la única colisión de dos aparatos espaciales ocurrida en 2009. Entonces, el satélite ruso Cosmos, y el estadounidense Iridium, que  volaban a una velocidad  de siete mil quinientos metros por segundo chocaron y se destruyeron  completamente.  El Convenio sobre  compensación de daños  no fue aplicado para ese caso, y las partes emprendieron un análisis conjunto de los vuelos, recuerda Iván Moiseiev, dirigente científico del Instituto de Política Espacial:

—En el espacio no existen las reglas de tránsito.  Es cierto que, teóricamente,  pueden ser presentados reclamos en base de ese acuerdo.  Pero los reclamos  tienen que  presentarse uno a otro.  Así está organizada la, digamos, mecánica  celestial.

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Después de aquella avería, en la órbita de la Tierra aparecieron seiscientos fragmentos. El caso confirmó la versión hipotética, presentada  detalladamente antes por el consultante de la NASA Donald Kessler. Y lo más deplorable de su teoría es que se rige por el efecto dominó. Es decir, la colisión de  dos  objetos voluminosos conduce a la aparición de  nuevos fragmentos. Y cada uno de ellos, a su vez, puede chocar con otra basura desatando la reacción en cadena de la aparición e  nuevos fragmentos. Pues bien, este tipo de colisión como los aludes puede hacer inútil el espacio circunterrestre  para los vuelos. Y sin ir muy lejos, el 24 de marzo de este año, la tripulación de la Estación Espacial Internacional (ISS) se vio obligada a abandonar  el bloque central y trasladarse hasta la nave Soyuz acoplada. Y ello porque surgió la amenaza de colisión de la ISS con el fragmento de un satélite. Este es ya el tercer caso en la historia de la plataforma orbital.

Otro peligro del síndrome Kessler consiste además en que, los fragmentos de satélites pueden caer a la Tierra. ¿Qué se  puede hacer?  Actualmente se estudian proyectos de empleo de rayos láser contra la caída caótica de fragmentos de satélites. Existe además el proyecto  de un  potente remolcador electrobalístico de tracción nuclear,  que pueda despejar eficazmente el espacio sideral de  la basura. Víctor Siniavski, consultante científico de la corporación rusa de cohetes espaciales Energía explicaba:

—Se trata de un sistema de uso múltiple que permite  juntar  una enorme cantidad de aparatos espaciales pasivos, para luego bajarlos a la Tierra y hundirlos en el océano. O por el contrario, abandonar su carga en una órbita segura.

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Como sea, la solución del problema de la basura espacial se convierte en una tarea prioritaria en la cooperación de las potencias espaciales.  Ello incluye el control ecológico del espacio circunterrestre y la  simulación matemática  de posibles trayectorias de vuelos de los fragmentos espaciales y  la redacción posterior del derecho internacional cósmico.

 

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